La fascinación del abismo
Ámbito financiero
En «Homenaje a Caspar Friedrich I», Mariana San Juan reelabora
con mirada actual «El mar de hielo» o «El naufragio de la esperanza», obra cumbre del romanticismo alemán.
«Universos» se llama la exposición de las artistas Mariana San Juan, Patricia Mastronardi y Mabel Ruggiero que se inauguró la semana pasada en el Centro Cultural Recoleta.
Las tres se formaron en el taller de la pintora Diana Dowek y han elegido expresarse a través de la pintura, pero exploran el mundo desde diversas perspectivas: San Juan, con sus paisajes, Mastronardi, con sus cuerpos fragmentados, y Ruggiero, con «una ambigua figuración».
Las grandes telas grises de San Juan remiten abiertamente a una obra cumbre del romanticismo alemán: «El mar de hielo», o «El naufragio
del Esperanza», también llamada «El mar helado» o «El Océano Glacial» (1823-1824), de Caspar David Friedrich, que se encuentra en el Museo
de Bellas Artes de Hamburgo. La memorable pintura de Friedrich representa la grandiosidad de las fuerzas de la naturaleza, cuando alcanza
esa condición de la belleza que Kant define como «sublime».
En ella, los abruptos ángulos y las formas quebradas de los hielos simbolizan, junto a los restos de un naufragio, la condición del hombre compenetrado con la naturaleza y el desasosiego del mundo romántico. Este «Sturm und Drang» -el sentimiento de estar en la tormenta-, es, justamente, la cuestión que San Juan acaba por poner bajo la lupa.
Para comenzar, la referencia de nuestra artista a las formas de «El mar
de hielo» es clara y va mucho más allá de una evocación poética o lejana.
El interés y los atributos contemporáneos de las pinturas que hoy San Juan exhibe en el Centro Cultural Recoleta, residen en el modo
de reelaborar
la cita, en el tratamiento monocromático, en la dimensión inmensa
de las telas y en la decisión de llevar a un díptico las formas cortantes
y geométricas del hielo. Luego, aplacadas las tonalidades brillantes
del paisaje original, se acentúa el vértigo de los ángulos y se subraya,
a la vez, el constructivismo de la obra. En suma, la mirada racional, actual, de San Juan, se contrapone a la pasión del paisaje romántico. Pero allí permanece -y resulta imposible dejar de verla- la fascinación que ejerce
el abismo, acrecentada y más tentadora que nunca, en un mundo donde
se estrechan para el hombre casi todos los caminos posibles.
A.M.Q.
